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Martes 17/05/2022  

Matrícula de deshonor

Equilibrio

Lo que se tiene claro, y los datos avalan dicha afirmación, son los daños que en la actualidad está ocasionando dicho virus

Publicado: 24/01/2022 ·
13:23
· Actualizado: 24/01/2022 · 13:23
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  • Una sanitaria.
Autor

Federico Pérez

Federico Pérez vuelca su vida en luchar contra la drogadicción en la asociación Arrabales, editar libros a través de Pábilo y mil cosas

Matrícula de deshonor

Un cajón de sastre en el que hay cabida para todo, reflexiones sobre la sociedad, sobre los problemas de Huelva, sobre el carnaval...

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Estamos en una etapa en la que la sensibilidad está a flor de piel y se debe reconocer que cualquier acción que observamos se puede llegar a magnificar, sobre todo si afecta directamente a la ciudadanía. Tras dos años de pandemia, de prohibiciones y restricciones, da la sensación de estar llegando a límites que empiezan a quebrar la estabilidad social, laboral y personal de aquellos que seguimos viviendo en este controvertido estado de emergencia.      

En muchos aspectos y ante la enorme confusión, la sociedad se ha dividido tanto que se generan batallas campales alrededor de cualquier incidencia que se relacione con la Covid-19, eso sin contar las situaciones creadas a conciencia para captar votos a favor de uno u otro partido, otro tema al que ya le hemos dedicado más de un espacio en esta columna y, seguramente, volveremos a tocar.

Lo que se tiene claro, y los datos avalan dicha afirmación, son los daños que en la actualidad está ocasionando dicho virus, que nada tiene que ver con el virulento impacto que ocasionó en sus inicios, pero que quede claro que sigue afectando aunque sea en menor medida. Desde esa premisa, se adquieren nuevos hábitos y se comienzan a valorar las consecuencias ocasionadas a nivel general, tomando muchos ayuntamientos determinadas libertades que den cierto ‘desfogue’ a los ciudadanos, con los riesgos que eso conlleva. Pero debe quedar claro que dichos riesgos también son latentes ante crisis de esta índole y la presión que se suele soportar tiene un límite, y cada cual tiene el suyo y ahí es donde comienza esa confrontación social que estamos observando.

La pandemia no solo nos ha afectado a nivel físico, también ha incrementado sentimientos depresivos, casi un 40% más de lo habitual. A nivel económico es imposible valorar con claridad las pérdidas que hemos sufrido y sufriremos. Las patologías psíquicas son más latentes en estos estados de ansiedad, que generan una enorme frustración, soledad, impotencia y un vacío que puede llevarnos a límites de descontrol: drogas, ludopatía online, mala alimentación, etc. Ante estos enfoques desde uno u otro prisma, y sobre todo, desde las particularidades que se viven, encontrar la equidad en estados extraordinaritos como los que estamos viviendo requiere de cierto sentido común, empatía y, sobre todo, cierta visión global.

Aún nos quedan meses de restricciones y años de aceptación y adaptación a este nuevo virus y buscar ese equilibrio necesario para nuestra sociedad debería ser una prioridad con sentido de urgencia para el bien común.

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