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09/05/2021

Sin Diazepam

Cariño mío, te cuento un secreto

Ya siente su diferencia. Ya le ahogan sus sentimientos. Su empatía le golpea. Su extrema sensibilidad le bloquea...

Publicado: 10/04/2021 ·
12:38
· Actualizado: 10/04/2021 · 17:30
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  • La infancia con sus sombras y sus luces.
Autor

Younes Nachett

Younes Nachett es pobre de nacimiento y casi seguro también pobre a la hora de morir. Sin nacionalidad fija y sin firma oficial

Sin Diazepam

Adicto hasta al azafrán, palabrería sin anestesia, supero el 'mono' sin un mísero diazepam, aunque sueño con ansiolíticos

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Ya siente su diferencia. Ya le ahogan sus sentimientos. Su empatía le golpea. Su extrema sensibilidad le bloquea. Aún no domina los remolinos que nacen en lo más profundo de sus entrañas. Aún no controla las miserias que afloran, ni las bondades que su alma recrea. Pero ya es consciente de la existencia de un ‘yo’, único, extraordinario, personal e intransferible.

Aún no domina los remolinos que nacen en lo más profundo de sus entrañas. Aún no controla las miserias que afloran, ni las bondades que su alma recrea. Pero ya es consciente de la existencia de un ‘yo’, único, extraordinario, personal e intransferible

Le observo desde la distancia de los años que nos separan. Si estiro el brazo toco las similitudes con mi infancia. Palpo ese universo que se crea de la Nada, que se expande, que transforma su cuerpo y su mente. Y me hace regresar a los huecos en los que se esconden esos cajones repletos de recuerdos que conforman mi pasado. Le observo en la quietud de mis años, con la mirada ajada por la secuencia finita de segundos, minutos y horas que desquician y envejecen las pupilas. Le observo entre el calor de mis propias arrugas. A veces me mira como pidiendo ayuda. Y le aconsejo, deseando que un día me comprenda. Deseando que un día diga qué razón tenía el viejo.

Él aún es pureza, inocencia, ingenuidad elevada a la enésima potencia. Él es todo lo que perdí en el sinuoso camino que estructura el tiempo. Él es todo lo que ya no puedo ser, él es todo lo que puede dejar de ser. Él es todo aún lo que quiera ser. Pero, me fijo, aunque se parezcan, no recorremos la misma senda.

Sueña con jardines repletos de flores del mañana. Sueño con bosques que ya ardieron en el ayer. No sé qué hacer. Mis mapas quizás no le sirvan a él. Solo me atrevo a decirle, quiérete como yo me quiero. Como yo te quiero. Deslízate con la seguridad de ser maravilloso entre el fango de la generalizada mediocridad. Tardé en comprenderlo, atiéndeme cariño, aprende a quererte lo antes posible. La felicidad solo depende de uno mismo. Jamás te engañes. No llegues a pensar que sin ella, o sin él, serás feliz. Amo a tu madre porque es feliz incluso sin mí. Me amo a mí mismo porque soy feliz incluso sin ella. Ser feliz es casi una actitud, una ideología que flota en el océano de uno mismo. Y para ello, cariño mío, hay que aceptar nuestros defectos y fomentar nuestras virtudes. Para ello, cariño mío, hay que bucear más allá de nuestros huesos. Para ello, amor mío, hay que reconocerse en todos y cada uno de los espejos.

No lo olvides, reconocer los defectos ayuda a lidiar con ellos. Ayuda a corregirlos. Ayuda a dejarlos atrás, a suavizarlos. Nadie es perfecto. Y ahí reside la belleza del ser humano. Pero te cuento otro secreto... muy pronto verás que la verdadera fealdad de este mundo se encuentra en aquellos que jamás se reconocen en sus reflejos, aquellos que jamás bucean en sus miserias, aquellos que se dejan llevar por la ignorancia y desdeñan el conocimiento. La fealdad es la que reina en un mundo que alaba la mediocridad, aunque los mediocres se mueran por dentro. Déjales a ellos los aplausos, apláudete tú mismo... Cuando aprendas a querer la persona que habita en ti, ya jamás dejarás de ser feliz.

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