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Miércoles 29/06/2022  

Lo que queda del día

Yo para ser feliz... ¿quiero un camión?

No se trata solo de una cuestión puntual relativa al suministro, sino de la degradación progresiva de sus circunstancias laborales

Publicado: 26/03/2022 ·
17:59
· Actualizado: 26/03/2022 · 18:10
  • Protesta de transportistas en la avenida Alvaro Domecq
Autor

Abraham Ceballos

Abraham Ceballos es director de Viva Jerez y coordinador de 7 Televisión Jerez. Periodista y crítico de cine

Lo que queda del día

Un repaso a 'los restos del día', todo aquello que nos pasa, nos seduce o nos afecta, de la política al fútbol, del cine a la música

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Rafael acaba de incorporarse esta mañana al piquete de entrada al PTA de Jerez, junto a la Ciudad del Transporte, después de acudir a hablar con su banco. Ha tenido que pedir una moratoria de un mes porque ahora mismo no puede hacer frente a la letra de la cabeza tractora de su camión. Tanto él como José, que viene a diario desde Paterna para sumarse al paro contra la subida de los carburantes, me muestran desde la aplicación del móvil los últimos movimientos de sus cuentas bancarias, en los que aparecen reflejados los cargos más recientes por consumo de gasoil: unos seis mil euros cada uno, correspondientes a los diez mil kilómetros que realizaron el mes pasado. “Es insostenible. Una ruina”, coinciden.

Hoy harán dos semanas de paro, dos semanas sin ingresos, aunque también sin trabajar a pérdidas, que es lo que les ha empujado a sumarse a una convocatoria que aún no parece tener fin: “Estaremos aquí hasta que Manuel Hernández diga”, subrayan, como parte del compromiso inquebrantable que han forjado en torno al líder del movimiento de transportistas que ha logrado, desde la unidad, paralizar la circulación de mercancías por todo el país.

Cuando converso con ellos han transcurrido apenas 24 horas de la multitudinaria caravana de camiones realizada por las calles de Jerez y de la primera oferta lanzada por la ministra de Transportes para compensar al sector por el alza del gasoil.

Las sensaciones son un poco confusas, ya que discurren de forma emocional, como en un vaivén constante, entre la satisfacción por el apoyo encontrado en las calles y la decepción, rayana al insulto, por la “limosna” con la que el Gobierno ha querido acallar sus reivindicaciones, puesto que no se trata solo de una cuestión puntual relativa al suministro, sino de la degradación progresiva de sus circunstancias laborales: sus bajas por problemas en la espalda no son contempladas como enfermedad laboral; la edad de jubilación se encuentra por encima de los 66 años, pese a que el ejercicio de la conducción de vehículos pesados puede verse afectado por la merma de reflejos como consecuencia de los años; el observatorio de costes se ha convertido en un instrumento ornamental, pese a que tiene prevista una función compensatoria; y, especialmente, exigen una reglamentación que les impida trabajar a pérdidas, que es lo que ha venido ocurriendo durante los últimos meses.

Circunstancias que, por otra parte, y como ocurre en el campo, están contribuyendo a la ausencia de un relevo generacional en el sector ante la falta de atractivos. “La mayoría de los que estamos aquí tenemos de 40 años para arriba. ¿Qué joven se va a querer subir a un camión si puede ganar más de camarero y encima puede ver a su familia todos los días y dormir en su casa?”, expone José para constatar una realidad que reduce a cenizas o a resto arqueológico aquel himno pegadizo de Loquillo y los Trogloditas: “Yo para ser feliz quiero un camión”.

Yo me quedo con la verdad de Rafael y José, porque también es cierto que, depende de con quien hables entre los diferentes piquetes, te encuentras con visiones, posturas y reivindicaciones que pueden descolocarte, ante la falta de una estructura o coordinación que fije el discurso y las posturas del colectivo, más allá del liderazgo nacional ejercido por Manuel Hernández. Y es esa verdad la que debería tener presente en estos momentos la ministra de Transportes, si es que no puede desembarazarse de los prejuicios que han debido postergar la esperada reunión de este viernes con la Plataforma, sobre cuyo presidente pesa ahora una oferta que tal vez tampoco debería haber rechazado de forma tan agria, como si su levedad le resultara insoportable.

Mientras tanto, la flota pesquera, dispuesta a retomar la labor, ha debido posponerla ante la falta de transporte que dé salida al género que traigan a puerto, con lo que la incertidumbre de cara al corto plazo sigue siendo de una dimensión tan preocupante que ni siquiera el presidente de la CEC, Javier Sánchez Rojas, se atreve a ofrecer certezas de cara a una recuperación que ha escurrido sus opciones por el desagüe de este desconcertante 2022.

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