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Lo que queda del día

La foto con el cantante

Como ocurría con Juan Pablo II, hay quienes prefieren quedarse exclusivamente con el “cantante”, que renta más

Publicado: 11/12/2021 ·
17:46
· Actualizado: 11/12/2021 · 17:46
  • Yolanda Díaz junto con el Papa Francisco
Autor

Abraham Ceballos

Abraham Ceballos es director de Viva Jerez y coordinador de 7 Televisión Jerez. Periodista y crítico de cine

Lo que queda del día

Un repaso a 'los restos del día', todo aquello que nos pasa, nos seduce o nos afecta, de la política al fútbol, del cine a la música

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A lo largo de esta semana se han publicado las clásicas listas de discos, libros, películas, series, que no deberías haberte perdido a lo largo del año, y que se enumeran como consejo para regalar estas navidades, sobre todo si quieres quedar de moderno y enterado, a imagen y semejanza de las cultivadas mentes encargadas de elaborar esas listas. Después de repasar algunas de ellas, lo primero que terminas preguntándote es “¿dónde coño he estado metido los últimos once meses?”, o en qué realidad paralela se anuncian, escuchan, leen o ven todos esos trabajos tan exclusivos e imprescindibles que ahora vienen a rescatarnos de nuestra ignorancia, pero también a poner en evidencia la uniformidad de todo lo que se lee, escucha o ve de un tiempo a esta parte.        

Siguiendo tales consejos, esta mañana he descubierto a un chico italiano de nombre tan largo como sus canciones, Andrea Laszlo de Simone, pero extraordinariamente cautivador, y también los escuetos y encendidos temas de Cala Vento, un grupo español compuesto exclusivamente por un guitarra y un batería. Después he flirteado con las composiciones bailonas de Delaporte y con las de Rigoberta Bandini, que no solo tiene una voz sugerente sino que sus letras desprenden un afinado sentido del humor: “Si yo pudiera ser perra, por favor dejadme serlo, solo pido ir sin correa a pasear”, o “Paula Ribó sufría, y ahora eso es poesía. Quería estar soltera ni una semana entera”.

Al final, en contra de lo previsible, me he venido arriba, porque lo que de verdad me gusta en esta época del año son las canciones navideñas, desde los villancicos flamencos y tradicionales, al sonido en blanco y negro o en technicolor que aún desprenden las versiones de Sinatra, Dean Martin, Bing Crosby, Elvis, Peggy Lee o Judy Garland. También las actualizadas y modernizadas por Chris Isaak, Sting o Sufjan Stevens, y las que se atienen a otros cánones, como los Christmas Carols de la Inglaterra victoriana, que se convierten en una delicia si los acompañas de la lectura de alguno de los cinco cuentos navideños de Charles Dickens. Tan enternecedores como la imagen de la ministra Yolanda Díaz recibida en audiencia por el Papa Francisco, el papa “buena gente”, con el que habló de la lucha contra la precariedad laboral y de la defensa de los migrantes, asuntos -¡oh, sorpresa!- muy presentes en las homilías del pontífice, como si la Iglesia fuera consciente desde hace dos días de las desigualdades en el mundo y nunca hasta ahora hubiese prestado atención a las mismas. 

Y está muy bien que una ministra tan comprometida como Díaz haya viajado a Roma para intercambiar y compartir aspiraciones en favor de los más deprimidos por el sistema, incluso en favor de un mundo mejor, pero tal vez hubiese bastado con mandarle una carta por valija diplomática, salvo que lo más importante fuese la foto; la foto como símbolo, que, salvando las distancias -y los extremos-, viene a ser como si Pablo Casado fuese a Rusia a hacerse un retrato delante de la momia de Lenin. Como respetuosamente no ha querido desvelar más contenidos sobre los 40 minutos de audiencia, a lo mejor aprovechó para intentar acercar posturas sobre su posición acerca del aborto o sobre el matrimonio homosexual, temas también muy presentes en las homilías de un papa que puede que ya no parezca tan “buena gente” según las canciones del repertorio: como ocurría con Juan Pablo II, hubo quienes preferían quedarse exclusivamente con el “cantante”, que rentaba más.

En cualquier caso, siempre mejor Yolanda Díaz que las ocurrencias de Alberto Garzón -la última, su “huelga de juguetes”-, por no hablar del ataque de cuernos de un gobierno -el del ala socialista- tan preocupado por la efervescencia de su compañera de gabinete, como incapaz de hacer frente a la subida del precio de la luz y al del IPC, de afrontar la amenaza de una huelga en el transporte de mercancías en los días previos a la Nochebuena y de haber establecido un marco jurídico frente a una pandemia que vuelve a traer de cabeza a los gobiernos autonómicos y, a nosotros, con el pasaporte entre los dientes. 

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